Nunca he sido muy de contar análisis nunca.
Me fascina como hay gente que, no sólo analiza, lo escribe, y da las soluciones. Pero lo fascinante no es eso, es cómo pueden quedarse tan panchos.
Pido perdón de antemano por hacer yo lo mismo, pero comprendan que tengo que irme. Así que les voy a contar dónde me quedé en los análisis, que ya poco los voy a utilizar como representante.
La representación estudiantil en este país tiene graves problemas de base, estructurales. Pero también grandes esperanzas. (Entiéndase a nivel estatal, no a nivel intra-universitario este artículo)
Paso a paso.
No tenemos experiencia histórica. Memoria sí. Algo nos suena la antigua EGB como algo les suenan las licenciaturas a los recién estudiantes de grado. Pero pecamos de no poder regenerar, de una forma continua, y no a saltos, representantes. Esto no es debido sólo a nuestra torpeza, que también. Sino a que, uno está dispuesto a ser representante un tiempo. Pongamos que la vida media de un estudiante son 5 años antes, ahora 4. En esos años, tienes que tener un año para irte de Erasmus, un año tranquilo, bien de adaptación bien festivo, y uno para apretar y acabar la carrera. Nos queda uno o dos años, depende de lo generosos que seamos con nuestro fracaso académico y nuestros ocios. Periodos cortos, muy cortos de actividad muy intensa. No hay tiempo de parar. Otra causa. ¿Dónde están nuestros representantes en los institutos? No existen.
Bichos raros: Tipos (y tipas) que se llevan en representación estudiantil 3, 4, o incluso 7 u 8 años. Malo. No son ni representantes ni estudiantes. No digo lo que son.
Bichos raros2: Colegiales representantes que llegan superexperimentados a la universidad. El problema es que tienen los defectos (más, porque casi todos han vendido, de forma errónea, su libertad a la causa partidista, como si le hiciesen bien a los partidos o a ellos, necios) de los representantes que llevan un tiempo en esto y no sus ventajas.
Intentamos solucionar el cambio climático del mundo liberando al Sahara. Los problemas de los estudiantes suelen ser concretos. Pero los representantes nos empeñamos en dispersarlos y hacerlos excluyentes. No nos centramos en lo que nos une, sino en lo que nos desune y nos damos de palos.
Bichos raros: Algunos representantes tienen algo de idea sobre marketing y herramientas que vienen muy bien para conseguir objetivos. No gustan. Todo tiene que ser Mayo del 68 o inmovilismo absoluto. Además, es calificado normalmente cómo “político” de forma despectiva.
La representación está politizada. No me refiero a partidos, que también, sino a intereses. He visto a gente defender cosas que restringen derechos a los estudiantes. Deberíamos redactar algo así como una guía de bueno y malo. Y politizada en juegos de poder. La propia representación se ha convertido en un juego político, que no es malo en sí, pero que sí se ha viciado de lo malo de este. Te apoyo en esto y yo en esto (entre representantes! Que es lo malo!) o yo me quedo este cargo y tu este. Existen verdaderas facciones dentro de la representación que no hacen más que entorpecer la lucha por los intereses comunes.
Bichos raros: De este problema surge un bicho raro peligrosísimo. Es el individuo que se sitúa por encima, como negociador, consensuador, etc. Es el peor de todos, acepta el pseudosistema. Casi nunca consigue el consenso, consigue una buena “pseudoposición” y el consenso de una mayoría.
La vida universitaria no favorece la representación. La despolitización que vivió la universidad tras la transición, el aumento de la asistencia obligatoria, el aumento de actividades culturales o deportivas… etc. no favorece la representación. Con lo que los representantes, en clave de humor, somos los feos frikis que no podemos darle dos patadas seguidas al balón, bailamos mal y no sabemos tocar la guitarra.
Bichos raros: Gente alta, guapa y fuerte que es representante. La gente desconfía de ellos. Normal.
Que yo este escribiendo este post. Nos preocupamos más por generar estructuras, analizarnos, leer documentos, ir a reuniones para organizarnos, pensar cómo hacer tal y cual… y de vez en cuando, hacemos. Nuestro ombligo es el centro de nuestras miradas, y casi siempre nos alejamos de nuestros representados. A veces sin mala voluntad, sino por la escasez de tiempo. Ya saben, reuniones, pensar, analizar, leer…
Bichos raros: Gente que no sólo hace lo de arriba. Sus días tienen 27 horas, pero las horas extras las gastan en cenas, comidas, cenas, viajes, comidas, cenas, cervecita, comida, cena… En fin, representan bien la vida del estudiante representante, sólo que con pasta. Claro que no suya.
Pero, ¿no dije que había esperanza?
¡Allá va! La representación estudiantil será más fuerte gracias a los consejos de dirección de las Universidades y a las Empresas. ¡Toma ya! Tengo que reconocer que durante un tiempo creí que el cambio podría ser interno, que nosotros mismos íbamos a cambiar las cosas. Surgió una clase de representante extraña, con ganas, que durante un momento… Que va. Ya casi todos se han ido. Y no hemos podido cambiar las cosas a nivel Inter-representacional.
Los rectores, vicerrectores, decanos y compañía, ¿Por qué? Porque la Universidad va camino de convertirse en un sistema competitivo dónde captar al alumno será algo nuclear y no bastará una ciudad, una nota, o una carrera. Y en ese papel, hacen falta representantes que hagan una Universidad mejor. Dependerá de nosotros explicarle eso a las Universidades (y de la necesidad de las Universidades) para que sea antes o después. La Pablo de Olavide lo tiene muy dentro, pero la US, lo tiene muy fuera.
Las empresas, ¿Por qué? Porqué en un mundo tan rápido, y dónde ser representante es tan complicado y tiene tantos sacrificios (si quieres ser bueno, claro, sino, cenas, viajes, comidas, cenas…) que debe tener algún beneficio. El beneficio es sencillo. Que se reconozca tu experiencia como un valor añadido en tu currículo vitae. Y eso acabará pasando. Las empresas no saben cómo distinguir candidatos y acertar con el perfil adecuado, con lo que están tirando de “otras cosas”. Por ejemplo. Los bufetes de abogados se rifan a los “mejores oradores” de los torneos de debate. Con lo que, pertenecer a un club de debate para un alumno es divertido, tiene sacrificio, pero también recompensa. No tira su tiempo. Con la representación, pasará igual.
Dicho esto, critíquenme. No pretendo ser riguroso ni cierto. Simplemente contar una impresión. Pero cuidado al criticar, estarán cayendo en el quinto problema. Con lo que, que tal si en vez de criticar van a la cafetería de su universidad a sentarse con alguien que no conozcan y preguntarle, ¿Qué tal te va?

